Nuestra forma de trabajar se basa en un enfoque formativo, colaborativo y adaptativo que contiene tres pilares: el mainstreaming de género, la participación y el empoderamiento.

El término mainstreaming de género proviene del campo de la política y las políticas públicas, pero se viene integrando cada vez más en otras áreas de actuación. El mainstreaming de género consiste en la implementación de la perspectiva de igualdad de género en todos los proyectos, a todos los niveles y en todas las etapas, por todos los actores involucrados. Persigue la implantación de una serie de cambios tanto en la cultura como en la práctica de la organización: trabajo horizontal en materia de género, y uso de herramientas y técnicas que permitan realizar el diseño, el seguimiento y la evaluación con perspectiva de género.

 

Aplicamos el mainstreaming de género desde un enfoque interseccional, es decir, consideramos que las estructuras que generan desigualdades y discriminaciones son múltiples (género, clase social, raza, orientación sexual, diversidad funcional…) operando de manera interrelacional y contingente. La toma de conciencia de las diferentes posiciones de partida tanto a nivel individual como colectivo permiten una mayor eficacia en materia tanto de intervención, como de diseño y evaluación.

 

La apuesta por los procesos participativos deriva de nuestra creencia de que todos los agentes implicados deben ser protagonistas de los procesos que les afectan. Además de un valor a considerar, los procesos participativos generan sinergias que repercuten de forma positiva: mejoran el conocimiento del objeto de estudio a través del incremento de la recogida de información estratégica, facilitan la detección de buenas y malas prácticas y perfeccionan la elaboración de resultados y el diseño de recomendaciones. Además, y fundamentalmente, un proceso que apuesta por la participación es una experiencia de formación ya que contribuye a la (auto) evaluación, (auto) reflexión y a la interiorización de conceptos clave, así como de las propuestas de mejora facilitando su puesta en práctica. Por ello los procesos participativos son enormemente eficientes, coherentes e instrumentalizables tanto a nivel individual, como colectivo y organizacional.

Entendemos el empoderamiento como el proceso a través del cual las individualidades o las colectividades vulnerables incrementan su capacidad de influencia y negociación a través de la toma de conciencia tanto de la situación de desigualdad de la que parten como de sus capacidades para revertirla. Por tanto, consideramos que el empoderamiento implica la transformación tanto de las personas y grupos implicados como de las dinámicas, procesos y estructuras que reproducen la subordinación. A nivel individual aumenta la autoconfianza, la asertividad y las capacidades de participación mientras que a nivel colectivo potencia la organización, la resolución de conflictos y la toma de decisiones.

 

 

Nuestra apuesta por el empoderamiento permea nuestro enfoque formativo, orientándolo hacia el desarrollo de capacidades y la generación colectiva de conocimientos que deja atrás las dependencias y asimetrías de la formación centrada en la figura formadora-experta poniendo en valor el grupo, la experiencia, la interacción y el diálogo.

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